Esta semana he terminado de leer el libro que les comenté que había comenzado: “Neuropsicología Infantil” de José A. Portellano. Lo recomiendo a todos aquellos profesionales que trabajan con niños de Infantil y Primaria: maestros, tutores, orientadores, psicólogos…
No es un libro para los padres, porque exige tener algunos conocimientos previos y estar familiarizados con el tema.
Lo que sí recomiendo a todos, también a los padres, es el tema de Disfunción Cerebral Mínima (DCM), que se trata en un capítulo del libro y que aparece a lo largo del manual.
La DCM fué un término empleado hace unas décadas, pero que de nuevo se está retomando en neuropsicología infantil.
Seguro que los que trabajamos con niños nos encontramos chicos que tienen una inteligencia general dentro de la normalidad, pero que presentan dificultades en algunos aspectos como lectura, escritura, lenguaje hablado, matemáticas, razonamiento, comportamiento o atención.
Esas son algunas de las manifestaciones de la DCM. En muchas ocasiones, concurren en niños que fueron prematuros, con bajo peso al nacer, con traumatismos cranoencefálicos, con antecedentes en la familia de dislexia o hiperactividad o sin ninguna causa aparente.
Estos niños suelen pasar como “vagos, despistados o conflictivos” sin que se realice una intervención rehabilitadora sobre ellos.
Si como padres, maestros o educadores estamos ante la sospecha de que un niño presente este cuadro, lo mejor solicitar que se realice una valoración neuropsicológica, que bien puede realizarla el orientador/a del centro. Si efectivamente se trata de una DCM, habrá que adoptar las medidas educativas, médicas y rehabilitadoras necesarias.
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